Mientras que los vehículos eléctricos y autónomos enfocados al transporte de personas se suceden de manera incesante en los anuncios de grandes compañías, en ferias de electrónica y en salones de automóviles, otros parecen buscar algo muy diferente. Es el caso de Nuro.ai, una startup fundada por dos antiguos ingenieros de Google donde el objetivo es conseguir realizar entregas de manera autónoma en entornos urbanos.

Dave Ferguson y Jiajun Zhu, cofundadores, fueron hasta 2016 dos de los ingenieros en el equipo principal de Waymo, la plataforma para crear el coche autónomo de Google. Decidieron dejar entonces este proyecto para crear Nuro, una empresa que en este momento cuenta con 96 millones de dólares de inversión y que presume de tener en sus filas con talento procedente de otras empresas clave en el panorama tecnológico actual, como son Uber, Apple o Tesla.

Sin conductor y sin humanos en su interior

El propósito de Nuro con su primer prototipo, el R-1, es claro: simplificar las entregas urbanas con un vehículo pequeño, compacto y extremadamente funcional. En cierta medida podría ser el hijo pequeño del Toyota e-Palette, presentado durante el pasado CES de Las Vegas y que, si bien fue introducido con la posibilidad de albergar personas en su interior, también se vio una vertiente como tienda ambulante.

El R-1 tiene unas dimensiones mucho más contenidas debido a que únicamente cuenta con dos grandes cajones en los que guardar toda suerte de productos. Con un exterior repleto de sensores y cámaras gracias a los cuales poder detectar los pasos de cebra, peatones, semáforos y demás condicionantes para la conducción urbana y un aspecto decididamente futurista, la apuesta de Nuro es interesante por el momento en el que hace acto de presencia.

Mientras que muchas de las compañías dedicadas a crear software para vehículos autónomos se afanan en llegar a tratos con los grandes fabricantes del sector (la propia Waymo con Fiat Chrysler, Cruise y GM o Aurora con Volkswagen y Hyundai), Ferguson y Zhu quieren controlar todo el proceso y poner en las carreteras una máquina que pueda funcionar con la única interacción humana producida al introducir y obtener los objetos de sus zonas de almacenaje.

En un momento en el que los pedidos y envíos por mensajería se han multiplicado de manera exponencial –y continúan haciéndolo–, la automatización de todo el proceso puede resultar ser clave en un futuro. Hay todavía una buena cantidad de puntos que resolver, desde cómo sería exactamente el modelo de negocio hasta qué ocurriría con los paquetes que sobrepasen las dimensiones de los cajones (que no son excesivamente grandes), pasando por las regulaciones necesarias para la circulación de estos vehículos. Aún así, vale la pena remarcar que es un primer prototipo y aún puede cambiar mucho lo que veamos finalmente en las carreteras, si llega.

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